El reloj no cesaba, y al ver las fotos ella recordaba su voz. Al recordar su voz, recordaba las charlas, tan profundas y tan alentadoras. Sobre todo de saber que existía alguien mas en el mundo que la entendía en todo y que parecía conocer lo mas interno de su ser. Saber que existía alguien que compartía los mismos pensamientos, la misma locura, los mismos sueños, los mismos sentimientos sobre el mundo, la misma esperanza. Sus ojos no se apartan de las fotos y comienza a extrañarlo. Respira y se da cuenta de que quizás no hubo demasiada sinceridad en su mirada, pero había algo en ella que la hacia creer en el. Ella creía haber llegado a la transparencia de su ser. Pero ahora ya no estaba segura. A pesar de las mentiras que ella sabia que el dijo, lo quería, su corazón había creado esa etiqueta para el, y aunque ella quisiera no podía hacer nada sobre aquel sentimiento. Ella sentía que a través de esas mentiras lo seguía conociendo, seguía llegando a su ser, a su interior real, no al que todos veian. Tic toc y sus pupilas estaban encaprichadas con las imágenes, un vacio estallo en ella, y comenzó a extrañarlo cada vez mas.La angustia empezó a tomar un poco de ella para recordarlo juntas, pero también la invadía la alegría de haberlo conocido, de haber encontrado a alguien un poco como ella, un poco como el. Las fotos no le daban descanso y llegaban a su mente esos abrazos en los que sentía como el le daba sus sentimientos para que los cuidase por apenas unos segundos y ella también le daba los suyos. Un cuarto para las nueve y a ella ya no le importaban las mentiras, sentía que lo seguía conociendo. Al fin y al cabo esas fotografías mostraban la imagen de dos personas que con su sonrisa mostraban la fe mutua y sus claras miradas hacia el mundo.
Laura Giselle Correa.
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