
Tal vez si exista cierta complicación en aquello que ella creer ver con simpleza. A veces quizá el vea nublado aquello que le parecía claro. En ciertos momentos gana la soledad, y cada quien entra en su cápsula. Que difícil es para ellos ver como todo desaparece, como el tiempo los consume, y como otra vez el silencio los condena. El orgullo ya no se quita con amor, esta vez se volvió inmortal. De repente cada sueño parece lejano y solo encuentran un consuelo en el oxígeno que es lo único que les indica estar vivos: respirar. Estar cerca nunca los hizo sentirse tan lejanos, tan extraños uno del otro, la angustia de saber o de no saber que pasó, de sentir algo en el medio que los resucita, pero alrededor solo cambios, cambios destructivos. Las ilusiones ya no se complementan y tampoco sus voces, el frío rompe las palabras de sus corazones. Pero a través de todo eso saben que hay algo que los une, llamese destino, coincidencias, causalidades, ó simplemente vida, quizás eso los destruye más. La cordura sostenida con solo una mirada firme al corazón, sin importar la soledad, ese punto fijo los hace no enloquecer a pesar de no encontrar consuelo. Pero cuando algo se rompe, sólo queda un triste recuerdo. Los pasos, el ritmo con el que partieron, las voces inseguras con las que dijeron "adiós", esas miradas llenas de lágrimas que prometían verdad, algo se destruyo y hoy solo es un triste recuerdo, un triste, mágico y fulminante recuerdo.
Laura Giselle Correa.